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El principio de equivalencia en las interacciones implica una economía que opere sobre la base de la justicia social precondición para la convivencia pacífica y hermanada.
Por Carlos De Sanzo

Cuando un apurado cliente de McDonald's compra una hamburguesa, no repara en que se está desprendiendo de dinero, uno de los bienes más preciados de nuestra cultura, fuente de seguridad, libertad y poder, a cambio de un bocadillo que engullirá en pocos segundos. El BigMac desaparecerá; dejará de existir como objeto y mercancía, mientras que su modesto dólar adquirió un nuevo estatus. Seguirá valiendo lo mismo, pero ahora forma parte de una poderosa maquinaria para generar más billetes. ¿Qué extraña alquimia transforma a esta moneda en capital? ¿Es que al juntarse muchos billetes adquieren alguna clase de poder?

Sin duda no es la sumatoria de billetes lo que genera un capital, sino la manera en que se lo invierta para generar más dinero. Si nuestro cliente de Mc Donalds tuviera 60.000 dólares guardados para cubrir el consumo de big Macs durante toda su vida, no podríamos considerar dicho monto un capital. Cuando se habla de capital, se está haciendo referencia a bienes de capital, con capacidad de producir más bienes y eventualmente ganancias. Existen dos medios para hacerlo: la primera es poner a “trabajar” el dinero, especulando con negocios financieros, bursátiles, inmobiliarios, de compra-venta, etc. La segunda es poner a trabajar a otras personas y obtener rentabilidad a partir de la plusvalía.

En ambos casos, el capitalista -a diferencia del consumidor de hamburguesas- renuncia a gastar dinero para su deleite para destinarlo, bajo su propio riesgo, a hacer una inversión. Hay millones de ahorristas y emprendedores, que intentan hacer fortuna por este camino cada día. Sin embargo, son muy pocos los que lo logran. ¿Por qué? Más allá de los bienes o servicios en juego y de las habilidades o la suerte con los negocios, el capital se conforma y crece si incorpora más dinero del que sale. La ganancia se genera en el mercado y a expensas de otros actores. Por lo tanto, en última instancia, un capitalista será exitoso si se las arregla para no ser recíproco en las transferencias de dinero con otras personas.

Para ampliar este punto de vista, imaginemos al cliente de McDonald's dentro del conjunto A integrado por personas que no tienen a McDonald's como cliente, ni a Coca Cola, Procter and Gamble, Unilever ni a ninguna otra compañía, pero cuyos productos sí consumen. Por su parte, a estas compañías las colocaremos en el conjunto B, cuya característica es ser proveedores pero no ser clientes del conjunto anterior.

Es obvio que los dólares del conjunto A van a ir fluyendo al conjunto B, pero no a la inversa. Por lo tanto, el conjunto B puede acumular dinero mientras que el otro no. Es cierto que los afortunados del conjunto B también ponen la mano en el bolsillo, pero lo hacen generalmente para hacer transacciones entre ellos; por lo tanto el dinero no sale tan fácilmente del circuito. Armani le compra a Mercedes Benz, este a Rolex, y así sucesivamente.(1)

En realidad, es insignificante lo que el conjunto B consume en el sentido del comedor de hamburguesas, porque hasta cuando compran, los miembros del conjunto B casi siempre están invirtiendo: sus relojes, pinturas y condominios aumentan de valor con el tiempo mientras que los electrodomésticos del vigilante nocturno se vuelven obsoletos o su vivienda se deprecia por una mala vecindad.

No son los bienes de capital por sí mismos los que aseguran la rentabilidad de los ricos, sino un balance comercial favorable en desmedro de los que entregan más de lo que reciben, y son, por lo tanto, los verdaderos hacedores de fortunas. El balance negativo en la transferencia de dinero lleva a que los perdedores estén dispuestos a vender al costo su fuerza de trabajo o a pagar un interés usurario por un préstamo; por eso, mientras sigan poniendo dinero en las arcas de los ricos seguirán pobres y explotados. Por lo tanto, una buena estrategia económica para los miembros del conjunto A sería intercambiar más entre ellos y transfirieran menos dinero al conjunto B. Una parte de la solución a los problemas económicos de las masas esta en sus propios bolsillos.

¿Por qué resulta más fácil entender el razonamiento anterior cuando se habla de países pero no cuando se consideran grupos sociales? Cualquiera sabe que el tercer Mundo transfiere diariamente más dinero al Primero que el que recibe como “ayuda”; o que entrega materias primas baratas y compra manufacturas y tecnologías caras. ¿Es tan difícil entender que este mismo desbalance ocurre entre conjuntos de la sociedad?. Cuando el pueblo de Ithaca entendió que era más el dinero que salía anualmente de Ithaca que el que ingresaba, adoptaron el Ithaca money del impresor Paul Glover. Los ciudadanos de Ithaca emparejaron la balanza y hoy tienen un pueblo más próspero que resulta la atracción de miles de turistas.

Cuando se le pregunta a diferentes personas que no alcanzan a cubrir una canasta básica de necesidades qué les falta en para conseguirla, ¿Cuál piensa que será la respuesta?. El comerciante tal vez diga que le faltan clientes y el desocupado que le falta trabajo, pero si se insiste en la consigna seguramente todos terminarán acordando en que les falta dinero. Para que la economía fluya, las personas deben obtener el dinero suficiente para hacer sus intercambios. Básicamente, les debe ingresar tanto dinero como el que egresan; si los proveedores de un supermercado fueran los propios consumidores que acreditaran al ingresar su mercadería y debitaran por el mismo monto al pasar por la caja luego de hacer sus compras, cada uno podría satisfacer su consumo mediante una producción acorde (2).

Proudhon fue uno de los primeros pensadores en explicar la explotación capitalista por el cambio no equivalente que existe en la sociedad burguesa (3). Sus ideas fueron duramente atacadas por Marx y Engels porque consideraban reaccionaria su propuesta de una transformación pacífica de la sociedad burguesa por medio de la colaboración entre los obreros y los burgueses, manteniendo la producción mercantil basada en la propiedad privada. Lamentablemente la crítica marxista estigmatizó y dejó fuera de discusión un punto de vista de gran valor teórico y práctico. Esta idea de una de economía equivalente fue retomada hace unos años el investigador alemán Arno Peters en su libro “El principio de equivalencia como base de la economía global”. Peters sostenía que “El principio de la crematística que domina a las economías nacionales y que ha llevado a muchas guerras, es impracticable para una economía global y será sustituido por el principio de equivalencia en las interacciones económicas. Con el reemplazo del mercado, del precio y de la ganancia por una economía basada en el trabajo humano y técnicamente en la computación, la sociedad descansará sobre una economía que opera sobre la base de la justicia social que es la precondición para la convivencia pacífica y hermanada.”

La desigualdad es el resultado inevitable del sistema capitalista. El Estado es una expresión de este sistema, por lo tanto es inútil esperar que éste aplique políticas apropiadas para terminar con esta situación. Se requiere un nuevo modelo de producción e intercambio más eficiente que el capitalista, y que por lo tanto pueda competir con él. La equivalencia en los intercambios debe ser parte de este nuevo modelo para que haya un balance justo entre el dinero que sale del sector A hacia el sector B y viceversa. Para lograr este balance en el plano del mercado, el sector A debe producir bienes y servicios de bajo costo y alta calidad para “exportar” al sector B.

En 1999 y 2000 se llevaron adelante en Argentina algunas experiencias que pusieron a prueba este nuevo concepto, logrando que un fabricante de medias pudiera competir con productos procedentes de Taiwán y que una panificadora local, eclipsada por una competidora multinacional, evitara ir a la quiebra. Simplemente los empresarios y trabajadores aplicaron la herejía de Proudhon: "Compraos vuestros productos recíprocamente, si queréis tener venta y trabajo" y tuvieron éxito.

Citas:
(1) Susan George en El Informe Lugano sostiene que " Todo un tercio del comercio mundial está compuesto por los intercambios que se producen dentro de la misma empresa; es decir: Shell comercializa con Shell, IBM con IBM Unilever con Unilever. Otro tercio de este comercio mundial no es intraempresarial sino interempresarial, es decir; empresas trasnacionales que comercian entre sí: General Electric con General Motors. Sólo el tercio restante de intercambio en los mercados mundiales puede denominarse en un sentido normal, comercio nacional y esta proporción disminuye constantemente."

(2) para Silvio Gesell el Banco de Mercancías que proponía Proudhon, donde todos los compradores serían también proveedores de la tienda y viceversa, tenía una función similar que tendía a restablecer el trueque, dado que en este sólo se requiere encontrar a uno que pueda adquirir lo que yo produzco, y que, a su vez, pueda entregarme lo que yo necesito.

(3) “Proudhon afirmaba que es posible eliminar la explotación de clase organizando el cambio equivalente y directo de las mercancías, —sin emplear dinero— y el crédito gratuito; de este modo, según él, surge un régimen justo en el que todos se convierten en trabajadores. Proudhon elaboró un proyecto de asociación para unir, partiendo de los principios de ayuda mutua y de cambio equivalente, a artesanos, comerciantes, obreros y dueños de pequeñas empresas. “ Gustave Courbet: retrato de Pierre-Joseph Proudhon en 1853.

John Francis Bray (1809-1895), un economista ingles de la izquierda Ricardiana que tuvo influencia sobre Proudhon y su escuela, sostenía que "El principio de la desigualdad en el intercambio es la sustancia y el alma del orden social reinante."


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