La mitad de los presidentes de los Estados Unidos que gobernaron entre 1789 y 1974 tuvieron una enfermedad mental vinculada a la depresión o al trastorno bipolar.
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En su juventud, Abraham Lincoln experimentó ataques de desesperación tan profundos, que sus amigos temían que terminara suicidándose. Ulysses S. Grant, el general bajo el mando de Lincoln que luego lo sucedió en la presidencia, habitualmente evitaba los eventos sociales y se refugiaba en el alcohol.
Como revela un análisis de fuentes bibliográficas realizado por psiquiatras del Centro Médico de la Universidad de Duke, la mitad de los presidentes de los Estados Unidos que gobernaron entre 1789 y 1974 padecieron una enfermedad mental en algún momento de su vida. Y más de la mitad de esos presidentes, según detalla el estudio, debieron luchar contra sus síntomas -depresión, principalmente- durante su trabajo.
"Lo que da esperanzas es que esto evidencia que las personas que sufren depresión u otros problemas mentales pueden seguir en funciones en un nivel de presidente, cuando no en su mejor nivel", dijo el doctor Jonathan Davidson, que catalogó los síntomas a partir de biografías y escritos presidenciales, e identificaron los suficientemente incapacitantes como para ser considerados trastornos. Los investigadores informan de sus hallazgos en The Journal of Nervous and Mental Disease.
Los autores del estudio reconocen los riesgos y las incertidumbres en torno al diagnóstico la distancia. Pero la tasa de enfermedades mentales que hallaron en 37 presidentes estadounidenses es idéntica a la que arrojan algunas investigaciones realizadas en la población de los Estados Unidos.
En algunos casos, los autores incluyeron problemas que habitualmente no se asocian con trastornos mentales: William Taft, por ejemplo, padeció cierta dificultad para respirar mientras dormía -muy posiblemente a raíz de un problema conocido como apnea del sueño-, por lo que solía estar somnoliento en importantes reuniones.
En muchos casos, los trastornos evocan directamente a esos hombres: los infatigables Theodore Roosevelt y Lyndon B. Johnson mostraban síntomas de la energía maníaca que caracteriza al trastorno bipolar; Richard Nixon bebía mucho durante el período del Watergate; y Calvin Coolidge cayó en una depresión luego de la muerte de su hijo.
Fuente: La Nacion.com
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