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Testimonios de un paciente con trastorno bipolar que relata sus experiencias de vida (gracias a la colaboración de la Fundación Mundo Bipolar), recogemos hoy la historia de Joan.

 

Nací en Barcelona 1961, en el famoso Eixample, pero en una zona humilde de gente trabajadora, el barrio de San Antonio, famoso por su mercado, sus encantos y la venta de libros, cromos, revistas de segunda mano, un barrio típico de comerciantes y clase obrera.

Mi familia era humilde, vivíamos en un piso pequeño, era de mi abuela, a la casa le faltaban cosas, espacio, en aquella época todavía no se había acabado de reconstruir Barcelona de la guerra civil, estábamos en el final de la posguerra, por ejemplo no había baños ,ni duchas, en la mayoría de los pisos de la zona presentaban problemas de habitabilidad, pero bueno en algún sitio había que vivir.

Mi padre era muy trabajador, hacia lo que antes se llamaban horas y siempre hacia lo indecible para que no nos faltara de nada, tenía un handicap y un problema, el handicap era que le faltaba la mano izquierda , que perdió en un accidente en la mili y el problema es que todas las tardes se iba a jugar la partida con sus amigos y bebía, no siempre, pero muchas veces no llegaba en condiciones a casa y se solían generar algunas trifulcas con mi madre y mi abuela, que grande mi abuela…, por la falta de ayuda, había gritos, nunca se levantó una mano, maltrato psicológico mucho, mi padre solía tener cambios de humor bruscos no se si por los carajillos y cervezas o si lo analizara hoy, por otra causa., su madre y su hermano lo achacaban a la pérdida de la mano.

La infancia y la adolescencia la pasamos en uno de los colegios de curas del barrió, evidentemente el más obrero y el más económico, lo pasé bien, fui buen estudiante y mejor deportista, era una alumno querido y respetado, tanto, que el director vino a visitarnos a casa y les propuso a mis padres que a los quince años me podrían llevar al seminario, desde aquel día la relación con el colegio ya no fue tan buena.

Tenía un carácter estable, mis amigos siempre comentaban que estaba contento, dispuesto a gastar y a que me gastaran bromas, con el deporte estaba consiguiendo que mi padre me siguiera a todas partes, cuatro veces por semana de entreno, los domingos partido, y a ver fútbol de primera división cada domingo, con lo cual estaba conmigo y no en el bar jugando y bebiendo, nos hicimos inseparables y había más tranquilidad en casa, mi hermano y yo tuvimos que finalizar el cole un poco antes, se crearon demasiados malos entendidos tras las conversaciones con el director y fue mejor marchar.

Empecé la Universidad y empezaron los problemas, lo del deporte estaba a punto de culminarse ,llegar “arriba” a la llamada élite, hubo unos cambios que me afectaron y me tuve que desplazar fuera de Barcelona, perdí un año de estudios, se me hacia muy duro los desplazamientos y llegaba tardísimo a casa, un año después tuve una lesión que se complicó con una infección de quirófano, tuve principio de gangrena, tardé nueve meses en andar y recuperarme, dejé de ganar dinero con el deporte, lo continúe practicando como hobby, me puse a trabajar en casa no podían sufragar todos los gastos, cuando esto pasó tenía recién cumplidos los veinte años, estuve trabajando con contratos de suplencias hasta los 25 años, esto lo llevé bien porque iba estudiando y además en la empresa que trabajaba te hacían fijo aunque tuvieras que hacer la mili.

Recién cumplidos lo 25 con trabajo fijo y los estudios a punto de terminar, decido incorporarme al servicio militar (Mayo del 83), lo que tenía que ser un año de transición, por el motivo que fuera se transformó en un calvario que arrasó con todo.

Soy consciente que por mi manera de ser iba a tener problemas, soporto muy mal las injusticias hacia los demás y hacia mi persona, al tercer día, quizá antes , empecé a ayudar a compañeros que por sus condiciones físicas no podían realizar ejercicio y eran vejados o maltratados, solíamos salir a correr unos 8-10 Km. por la montaña, en lugar de ir con los primeros, me quedaba de coche escoba y recuperaba a los compañeros peor dotados, con ejercicios de recuperación, los bajaba hasta el campamento, era respetado por mi edad, por los mandos, no ocurrió lo mismo con los soldados veteranos, los siguientes días no pude dormir, no había pasado una semana y me empecé a encontrar mal, estaba entrando en crisis de manía, (no tenía ni idea) no fui ingresado hasta pasada una semana, me tenían encerrado en un calabozo, pensaban que les estaba engañando haciéndome pasar por loco, cuando ingresé en el hospital militar lo hice en la sala que estaban los drogadictos, como es natural en estos casos, no avisaron a mis padres, se enteraron por unos amigos que residían en esa ciudad que fueron a entregar unos papeles para que pudiera ir a dormir a su casa.

Mi padre consiguió quedarse conmigo, dormía en la cama contigua a la mía y estuvo allí las cinco/seis semanas que me retuvieron hasta pasar el tribunal médico, en la que tuve el honor de ser declarado inútil para prestar el servicio militar.

La medicación que me suministraban no era la adecuada para mi brote sicótico, con lo cual todo el tiempo que estuve por la isla, estaba con alucinaciones, me creía un ser superior y estaba hiperactivo, sí que conseguían que durmiera algo por la noche, no más de 5 horas.

Al volver a casa me llevaron al médico, les pedí a mis padres que buscaran el mejor especialista, empezamos las visitas, la terapia familiar, fui mejorando, la medicación no es como la de ahora, recuerdo que tomé mucho antipsicótico, después de la subida, vino la bajada y entré en depresión.

No puedo dejar de agradecer en todo este proceso el comportamiento que tuvieron mis padres y hermanos, mención especial para mi padre, que cada día, cada día desde que vino a cuidarme hasta que me recuperé salíamos a pasear de 2 a 3 horas y me fue adentrando otra vez en mis pasiones las damas, el ajedrez y el deporte. Todos ellos, consiguieron que en Octubre volviera a trabajar, la travesía del desierto había comenzado en Mayo. A veces pienso sino hubiera hecho la mili si el TB se hubiera presentado, probablemente, en cualquier situación de estrés también hubiera ocurrido lo mismo.

Empecé a trabajar en Octubre y en Noviembre mi padre falleció, creo que fue por ley de vida, pero probablemente su corazón no aguantó por toda la tensión, no me siento culpable, pero perdí un referente y un amigo.

Tras la muerte de mi padre fui a varias sesiones de psicoterapia, porque entendí que eran necesarias. Mi novia que también participó en la recuperación de forma pasiva, desde un segundo plano, cuando alguna vez me acompañó al médico sólo le preocupaba si me volvería a pasar, no le pudieron garantizar nada.

Pasaron los años y variaron las situaciones la vida volvió a la normalidad, pero cuando ya participas de la vida adulta y tienes el trastorno cualquier pequeño cambio nos puede afectar.

Nos compramos un piso, y al poco pareció la primera dificultad, hubo una reconversión en mi empresa , todas las personas que tenían bajas largas y en los partes de baja especificaba algún tipo de enfermedad psiquiátrica estábamos en la lista de despedidos, no sirve que seas el que más trabajas, o más rindas , estamos marcados y punto, me costó muchas horas de negociación con el director de la empresa, conseguí quedarme, me sentí tan humillado y vejado que me marqué un plan para ser yo quien se fuera.

Soy buen profesional y por aquel entonces era el responsable de la aplicación de nómina, la facturación y coordinaba el plan de sustitución de terminales. La empresa tenía 1000 trabajadores.

Mi plan consistía en prepararme, terminar de poner al día las nuevas aplicaciones y el despliegue de Pcs, para tener una base sólida y así aspirar a un puesto mejor, a los tres años surgió la oportunidad, un mirlo blanco una empresa multinacional francesa que tenía el mismo sistema informático me captó, yo me dejé querer, condiciones geniales, a dos travesías de casa, cinco minutos escasos andando; formación específica en la casa madre, si se cumplían objetivos vacaciones en residencias de la empresa...demasiado bonito.

Presenté la carta de renuncia, era octubre, ya estábamos en otoño, jodido otoño, me pidieron que les diera de tiempo hasta navidades, les dije que no, lo que correspondía por ley, me presionaron y utilizaron la artillería, el director se reunió conmigo, me pidió que me quedara, recordó el favor que me había hecho, empezó el estrés que atribuí a lo que estaba viviendo, no pensé en otra crisis y en muy pocos días, se desató la fase de manía, como la otra vez con ideas de ser superior, mesiánicas, con poderes sobrenaturales, la tele me hablaba, aunque empezó a suceder en fin de semana el lunes fui a trabajar, en plena crisis, no me supieron retener, llamar al médico o lo que fuera.

Se armó un buen lío, en una crisis maniaca no responde a ninguno de los patrones de la normalidad, tal como iba entrando en el trabajo los compañeros se percataron que algo no iba bien, uno de ellos nada más me miró a los ojos, me encerró en su despacho, intentó que me calmara.

Al poco rato llegó el Director asustado por lo que pasaba, hubo varias llamadas parar la anular la rescisión del contrato, llegó mi mujer, le preguntaron que como me había dejado salir de casa en aquellas condiciones, total que estaba en crisis, que me tenía que incorporar al trabajo nuevo en menos de quince días, ya que no tenía derecho a paro ni a nada, simplemente conseguí una carta pidiendo a mi nueva empresa que me incorporara quince días más tarde, margen para ponerme en condiciones un mes, imposible.

El psiquiatra me visitó me puso en tratamiento y me dijo que no podía ir a trabajar en varios meses, no me concedía el alta, no estaba para aguantar tanta presión y menos con la medicación, yo ya sabía que iba a estar muy parado, entonces me trataban con haloperidol y varias pastillas, conseguí ir a trabajar, tomaba la medicación y otras pastillas para contrarrestar parte de los efectos nocivos, no funcionó, horas y horas delante del ordenador sin escribir nada, sin hacer una ralla de programa, sin pasar información a nadie, empezó la segunda presión intento de degradación del trabajo, me pidieron que dimitiera y pasase a desempeñar otro tipo de trabajo, me negué, no fui capaz de pedir la baja al verme perdido, ya que solo me correspondía el paro si me despedían en fase de período de prueba, aguantamos la tensa situación hasta el cumplimiento del período de prácticas, me largaron, había conseguido el mal menor, tenía el paro completo.

En lugar de llegar la calma y el reposo empezaron los malos rollos en casa, un distanciamiento paulatino, necesitaba una mano amiga y no la encontraba, dejé la fase de manía y entré en una profunda depresión, por el duelo de todo lo que estaba pasando, tuve que olvidarme del duelo, me puse a buscar trabajo corriendo, se estaba desmoronando mi vida por culpa de la falta de trabajo y el materialismo económico de mi pareja, en dos meses había conseguido otro empleo con unas buenas condiciones y estaba pendiente de unos resultados para entrar de interino en la administración como técnico en informática, nada más trabajé una semana en esta nueva empresa, gané la plaza.

Todo y el trabajó la depresión no pasaba y se acentuaba debido a la situación de convivencia, no había gritos, no había lloros, no había broncas, no había nada, el silencio puro y duro, la falta de comunicación más grande y más ruin.

El verano del 1993 fue el más triste de mi vida, solíamos ir a la costa brava, nos juntábamos con mis suegros, mis cuñados, solíamos tener jornadas muy agradables, me empecé a dar cuenta que ya todo estaba acabado, pero el final no sabía cuando se desencadenaría.

Mi depresión seguía, empezó en enero ya estábamos en septiembre, estaba desesperado, cometí un error. Pensé que quizá lo mejor era acabar con todo, por un momento me vi en el patio del vecino; mi mujer, se dio cuenta, me pidió que no lo hiciera, hablamos, ya sabía cuando me iba a dejar, quedaban dos meses para opositar a la plaza en propiedad. A los tres días se fue sin decir nada, volví de trabajar a las 10 de la noche ya no quedaba nada suyo.

La depresión siguió, mi madre se vino a vivir una temporada conmigo, a vigilar que tomaba mi medicación, a dar largos paseos conmigo, a aguantar mis lloros y mis tonterías, con todo preparé las oposiciones y saqué la única plaza que había en el concurso contra 75 aspirantes, me sentí por primera vez contento, en un año.

Empezaron a cambiar cosas, dejé de ver a mis antiguas amistades, siempre acabábamos hablando de lo mismo, no dejé que mi familia se compadeciese más de mi. Busqué en la compañía de viejas y antiguas amistades de mi anterior trabajo, la salida a mis problemas.

Empezaron los paseos por la montaña, por la playa, las salidas al cine, al teatro, me sentía bien, no eran viejas amistades, era una AMISTAD, el psiquiatra empezó a reducir las pastillas, hasta que ya no hicieron falta, fueron 15 largos y eternos meses, pero que bonito es vivir.

Empezar una nueva vida cuesta, si encima tienes el Trastorno Bipolar, hay que hablar y tu pareja se tiene que implicar, entender la situación, saber porque pasa, no hubo problemas la vida transcurría felizmente y empecé a participar en el tejido asociativo/político de mi nueva ciudad y en la vida sindical de mi empresa.

Todo transcurrió normal hasta las elecciones de 1995 en que participé en una lista, la tensión, el exceso de dedicación a la causa motivaron que el día mismo de las elecciones se desatara una crisis, hubo algunos problemas y me pasé toda la tarde en comisaría, una vez solucionados los malentendidos, comenzamos otra vez todo el proceso, el antipsicótico, las pastillas, la recuperación fue rápida, en un mes estaba trabajando…el revuelo llegó a mi trabajo pero no pasó a mayores.

Esta vez mi mujer y yo le pedimos al médico por un tratamiento de mantenimiento, nos comentó que había, pero tenía muchos efectos secundarios había que esperar (no sabíamos a qué) y esperé, seguí con mi vida normal de funcionario, haciendo deporte, procurando ir dejando de lado las actividades estresantes, la política y la lucha sindical se resintieron. Solo duró dos años la alegría, mi hermana pequeña se había mal casado y mi cuñado de raro, pasó a ser un yonki, me pidió ayuda, se había marchado en malas condiciones y no lo encontraba.

En una noche y una mañana recorrí la Barcelona negra, que también conocía el Pepe Carballo, de Vázquez Montalbán. Mi cuñado estaba con el síndrome de abstinencia, borracho esperando que llegara la ambulancia con las dosis de metadona, la tensión fue muy grande, por la mente me pasaron muchas cosas no todas buenas, en un momento monté un plan, lo llevamos a mi psiquiatra, después decidí con la ayuda de mi madre, que se fueran a vivir a su casa, las niñas se quedaron con la otra abuela y al día siguiente que era domingo, las llevé a casa de mi madre.

El domingo por la tarde entré en crisis de manía, reventé como un tonto, otra vez la medicación, las pastillas, la baja laboral, me sentía culpable no saber de mis limitaciones, conseguí reponerme rápidamente, no tenía depresión.

Mi nueva vida familiar era estable y agradable, a pesar de las crisis por Trastorno, mi segunda mujer entendía mejor el problema, después de hablar con el psiquiatra decidimos tener hijos, en 1998 nació nuestra hija.

En el 2000 el deporte que sigo practicando, me juega una segunda mala pasada, rotura de ligamento cruzado anterior, posterior, menisco externo, interno y una úlcera del cartílago rotuliano de la rodilla no operada, pronóstico no podré volver a practicar deporte y andaré cojo, estuve 7 meses de baja haciendo recuperación, no ando cojo y sigo practicando deporte.

En el 2002 tras unos años de tranquilidad y paz laboral, empiezan los problemas con mi jefa inmediatamente superior, problemas que afectaron la vida laboral y tenían visos de afectar en la vida privada, a pesar de que quisimos hacer una queja formar de ella el resto de responsables de la sección, me quedé sólo con mi sindicato, mis compañeros se desentendieron, fue tanta la presión que vino una crisis, comenzó la manía y en plena fase la denuncié por acoso sexual y laboral.

La fase de manía pasó a depresión brutal, de la que no venía salida, empecé a dudar de mi psiquiatra, como siempre me daba reparo volver a trabajar, nos dimos un plazo prudencial, mi mujer y yo para la vuelta, el psiquiatra no veía nada claro, pero no aportaba soluciones, antes de incorporarme y con depresión recibí llamadas de la empresa, el jefe de mi servicio, de recursos humanos y el sindicato, más tensión, cuando creí que tenía fuerzas para enfrentarme volví a trabajar, se sucedieron las reuniones, en una mañana todo se volvió oscuro, no había ninguna salida, el regreso a casa fue interminable.

Pensé en acabar con todo, nada más veía el tren que pasaría en dirección contraria, bajé y lo esperé en el andén, pensé en mi mujer, en mi hija y lo dejé pasar, me monté en el siguiente en dirección a Barcelona, llamé a mi hermana la del yonki, me acompañó al hospital y fui de urgencias, estuve unas horas allí hasta que me tranquilicé me retocaron la medicación y me enviaron a mi psiquiatra con un informe ,unas recomendaciones y pautas de estabilización. El final del proceso fue, traslado de lugar de trabajo, cambio de psiquiatra y comienzo de tratamiento estabilizador.

Hemos recibido todo tipo de explicaciones de cómo actúa, que cuidados hay que tener y si la cosa va normal, aunque tenga más crisis no serán tan virulentas, mi doctora me estimula a que reemprenda mis actividades, con “seny” cabeza, lo voy haciendo y parece que funciona, mi mujer me nota con menos altibajos.

Tras tres años de tranquilidad y una salud estabilizada el 20 de Octubre del 2005, me encuentro extraño, duermo menos horas, me notó algo más activo, mi tono de voz sube, algunas bromas son pelo indiscretas……se avecina una crisis.

Voy al psiquiatra, corrobora que está empezando una crisis, modifica la medicación y me dice Xavier ve a trabajar, le digo que imposible que en crisis no voy, me asegura que con esta medicación aguantaré el palo sin problemas, que seguro que en peores condiciones he ido, realicé todas mis actividades, es la primera vez que creo que se puede llegar a controlar el Trastorno Bipolar.

Esto es muy duro pero a pesar de todo merece la pena VIVIR.


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